1. #1

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    Miradas que nunca vemos

    Bruno no puede dejar de mirar a Luna. De lunes a viernes, sentado en el mismo asiento, mira a Luna mientras ella ve el paisaje a través de la ventana del tren. Mira a Luna y sonríe, no puede dejar de hacerlo cuando ella está ahí enfrente. Son los mejores 20 minutos del día, hasta que se bajan en la universidad y se alejan. Bruno siempre se gira en el último momento para ver si Luna se gira también, pero nunca lo hace, y una tristeza extraña le recorre la espalda. A menudo se imagina que un día ella mirará a Bruno en ese último instante y se hará la magia. Luego recuerda que la magia no existe, y se enfrasca en sus clases tristes y aburridas.

    Bruno tiene una maleta preparada por si Luna un día se volviera loca y le invitase a huir a buscar la felicidad a otro lugar, lejos de una cuidad donde las prisas y los informes a tiempo lo son todo, llena de ojos que no se miran y donde los whatsapps sustituyen a las conversaciones. Llena de esperanzas frustradas y días de mierda, de hipotecas a medias y pocos abrazos. Llena de nada que valga la pena recordar.

    Y Bruno cada noche se mira al espejo, y se promete a sí mismo que el día siguiente tendrá el valor suficiente para saludar a Luna y pedirle una cita, y corre al armario para sacar la maleta que tiene preparada. Y al día siguiente Bruno se arrepiente y vuelve a guardar la maleta en el armario. Piensa que nadie normal aceptaría una cita con un extraño. Pero es que Luna... Luna parece diferente. Bruno no sabe explicarlo, no sabe si es esa mirada perdida o su dulce sonrisa mientras ve pasar edificios oscuros llenos de grietas y ropa tendida. Pero lo cierto es que Luna tiene un brillo que Bruno no ve en nadie más. "Debe ser producto de mis ensoñaciones" piensa Bruno.

    Así que día a día, de lunes a viernes, Bruno se enamora más de Luna mientras ella ni le mira. Bruno no entiende qué ve Luna a través del cristal para sonreír siempre, si ahí fuera todo es triste y oscuro. Imagina que Luna sonríe porque en su mente ella es la gentil soberana de un reino de fantasía, dónde, claro está, Bruno no sería más que un mozo de cuadra. Porque uno no sonríe mirando los tristes barrios de la periferia de esta gastada ciudad. A Bruno siempre le cuesta sonreír, porque no tiene sentido hacerlo sin motivo, porque sí. Bruno no se da cuenta de que está sonriendo durante esos 20 maravillosos minutos al día, mientras mira a Luna sonreir.

    Y cada día Bruno siente una creciente ansiedad en su cuerpo. Se acerca el verano del último curso en la universidad, y Bruno se asusta porque no volverá a ver a Luna. Se da cuenta de que últimamente ya solo disfruta mirándole a ella. De que le aburren las clases y el fútbol, y de que las cervezas con los amigos ya no son lo que eran. Se da cuenta de que sin Luna se encuentra solo, rodeado de miles de personas. Bruno no sabe que es su cobardía lo que le impide disfrutar de nada, porque haga lo que haga, no deja de pensar en Luna. Y Bruno no sabe que Luna, todos los días, se gira nada más bajar del tren a mirar si Bruno se gira también, pero él nunca lo hace. Él siempre espera al último momento para girarse, y entonces Luna ya se ha dado la vuelta para empezar su día de clases tristes y aburridas.

    Es el último día de clase. Anoche Bruno volvió a sacar la maleta del armario confiado en que hoy sí tendría el valor suficiente. Pero, al levantarse, se da cuenta de que no va a ser capaz, y vuelve a abrir el armario para guardar la maleta. Y entonces ocurre algo. Algo que le impide guardar la maleta de nuevo. Es como una fuerza que sujeta la maleta en el suelo, como si estuviera pegada a la alfombra. Parece cosa de magia, pero la magia no existe. Bruno no entiende nada, pero llega tarde y quiere ver por última vez a Luna.

    Ahí esta ella. Como siempre sonriendo a esta estúpida ciudad. Bruno está nervioso. Parece esperar que una señal divina le diga qué hacer, pero no cree en esas tonterías. La magia sólo existe en los cuentos de fantasía. Se da cuenta de que, si no hace nada, nunca volverá a ver a Luna. De repente ella hace un gesto extraño. Levanta la vista como si mirara algo fijamente. Bruno, por primer vez en todo el curso, deja de mirar a Luna para ver lo que ella observa con tanta atención. Un cartel enorme de publicidad muestra a un hombre arrodillado junto a una mujer, enseñándole un anillo. En letras grandes aparece "DÍSELO YA". Es una promoción de una marca de joyería. Hoy acaba la oferta, mañana será tarde. Bruno no puede explicar lo que ruge en su interior, pero una fuerza extraña le impulsa a levantarse. Sus pies avanzan solos hacia Luna. Su cuerpo no responde a sus órdenes y sin darse cuenta esta plantado delante de Luna. Sin saber cómo, su boca se abre.

    - Ho.... Hola.

    Luna se gira. Bruno piensa que es la primera vez que ella le mira. Se siente extraño, es una sensación maravillosa.

    -Hola.
    - Te llamas Luna, ¿verdad?
    - Si. ¿Cómo lo sabes?
    - Es el nombre que pone en tu carpeta de la uni. Yo soy Bruno.
    - Encantada de conocerte, Bruno.

    Bruno siempre pensó que, si este momento llegaba, él estaría nervioso y sudando, pero Luna le transmitía una serenidad que él no conseguía entender.

    - Luna, ¿puedo hacerte una pregunta?
    - Claro Bruno, adelante.
    - Llevo todo el año viéndote sonreir a través de la ventana, y no lo entiendo. Esta cuidad es triste y oscura. ¿A qué sonríes?
    - Te sonrio a ti, Bruno. Veo tu reflejo en el cristal mirándome sonríendo y te devuelvo la sonrisa.

    Bruno pensaba que ya nunca sonreía. Ahora, en menos de un segundo, se daba cuenta de todo el tiempo que había perdido por no sonreír a la vida, por no apreciar las sonrisas en los ojos que nunca miraba. Por no disfrutar de las pequeñas cosas, de la magia que escondía esta inmensa ciudad. De las grietas de los viejos edificios por donde se escapaban a raudales momentos de felicidad plena. Bruno entendió entonces que las cosas nunca son lo que parecen, sólo hay que cambiar la forma de mirarlas.

    - Luna, ¿te vendrías conmigo a cualquier parte?
    - Claro Bruno, ya tengo la maleta preparada.


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  2. #2
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    Distinciones

    Avatar de maria jose
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    Es una historia muy bonita y me encantó la conexión que hay entre sus dos personajes que aunque a priori parecen alejados en realidad se estaban reflejando uno en otro.
    Saludos.
    Es feliz el que soñando muere.
    Desgraciado el que muera sin soñar
    (Rosalia De Castro).





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