Mi destello impetuoso,
alpinista de tu firmamento,
retumba con la pretensión de abrir
la cima de tu verso...

Con tu estela en mi camino de eses vehementes,
y tu luz iluminando mi bulevar de farolas en vela,
me deshago de mapas.
Sé dónde está tu tesoro.

Condúceme
en la vía de tu sed aguda,
hacia la punta de tu relámpago
-estambre de fuego-,
dejando que me rocíe en silencio
el enigma de perderme en tus brazos...

Es que ya me asomo dentro
y al borde de tu abismo claro,
tu líquido dorado,
me inunda el pensamiento...

Inúndame la boca con tu lluvia de primavera
ábreme el pecho y sumérgete en mi tormenta.
Quiero exiliarme en tu alma.
Necesito resguardarme en tu cuerpo.

Absorbo el vapor de tu nombre,
armadura translúcida,
desnudez de mi secreto
y todo se vuelve de viento,
hablan las alas del roce...

Te tengo más en las venas que el etanol.
Me tienes ardiendo hasta el último rincón,
como un sol.
Abrasemos el camarote hasta hacer cenizas
nuestras velas de amatistas.

Atravesemos el agua,
rompamos el cristal del tiempo,
que esparza la arena en remolinos...

Y desnudos de vapor y ébano...
Señalémosle a la lengua
este arcano vaticinio...
Penetremos el sueño vivo
de bebernos la voz hasta ser uno mismo...

Te tengo en la punta del lenguaje,
con tu magia apuntándome al paladar
y la deflagración de mis latidos
haciéndome expulsar el fuego.

Ponte el traje de mis besos,
que inflame la cordura
y sin argumento nos secuestre la piel
nuestro mar de miel
soplo de mi corazón que a ti se anuda...