1. #1
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    Papeles de muertos

    Daniel no sabía por dónde empezar. Sentado a solas en el sofá de aquel minúsculo saloncito miraba taciturno el montón de documentos, carpetas, maletines, fotografías, CDs, vinilos y papeles varios que había ido recogiendo por todo el apartamento y acumulando en la mesa de centro que había delante del sofá. Llevaba ya más de media hora intentando decidir cómo debía hacerlo, montando pilas en función del lugar donde encontró cada cosa, luego reorganizándolo todo por tamaño… En realidad todo eran excusas, no tenía ni idea de qué se iba a encontrar en cada papel que revisase, en cada maletín que abriese, así que era absurdo que tratase de organizar todo aquel batiburrillo antes de empezar.

    No… Daniel sabía muy bien que no era eso lo que le estaba manteniendo paralizado… sino el miedo, el pánico que sentía, porque los papeles no eran suyos, sino de su padre. Daniel pensó por un momento dejarlo todo y esperar a que llegase su hermano pequeño, Alejandro: él no tendría reparos en revisar todo y sabría perfectamente qué hacer en cada caso. Pero Alejandro estaba en Canarias trabajando, se lo dijo él mismo justo después del entierro, le había salido la oportunidad de impartir un curso de Meditación durante un mes y medio y tenía que aprovecharla. ¡Qué casualidad! Daniel lo habría tomado como un escaqueo de Alejandro, si no fuese porque sabía a ciencia cierta que su hermano sí adoraba a su padre, y de hecho mantenía contacto frecuente con él. – “No puedo estar, Daniel. Ahora te toca a ti” le dijo Alejandro, dándole un beso.

    No es que Daniel odiase a su padre, Andrés. En puridad no podía decirse que le odiara, ni siquiera que sintiese indiferencia, pero desde que sus padres se divorciaron, siendo él un niño, Daniel había levantado un muro de distanciamiento: en este lado del muro estaba Daniel con su madre y al otro lado Andrés. A lo largo de los años Daniel fue evolucionando como persona, adquiriendo madurez, triunfando socialmente, pero siempre con el muro intacto, con su padre al otro lado. Daniel consiguió construir su concepto de felicidad cerrando muchas heridas pendientes, solventando sus traumas, enfrentándose a sus demonios… pero dejando el tema del muro “para más adelante”.

    Y un día, de repente, sin previo aviso, su padre se muere, así, sin más, ¡joder, qué putada!, sin darle tiempo a afrontar eso que siempre había ido dejando “para más adelante”.

    A Daniel le iba a estallar la cabeza, sentía cómo la sangre le golpeaba las venas de las sienes a toda velocidad. De repente se incorporó, fue a la cocina, buscó una bolsa de basura grande, regresó al salón y la llenó con todo lo que tenía delante, resuelto a deshacerse de ello sin ni siquiera echarle un ojo. –“Ahora te toca a ti”, las palabras de su hermano acudieron a Daniel traicioneramente-. Ahora lo veía claro, Alejandro no necesitaba ese trabajo, lo que Alejandro buscaba era obligar a Daniel a afrontar a solas este momento. Era la forma que tenía su hermano, tan diferente por fuera a él y a la vez tan parecido por dentro, de decirle que estaba ante su última oportunidad para enfrentarse a la única tarea importante que le quedaba pendiente. Daniel se sentó de nuevo en el sofá, abrió la bolsa de basura, introdujo la mano y sacó lo primero que su mano tocó: un portafolios de plástico, pequeño, con publicidad de una entidad bancaria, y en su interior toda una colección de informes analíticos de los últimos 10 años (por lo visto su padre lo guardaba todo, y ordenadamente). Lo dejó todo en el sofá, a su derecha, la zona donde iría aquello que no había que conservar. Y metió la mano a ciegas de nuevo…

    Una hora y pico más tarde, la bolsa estaba prácticamente vacía y a ambos lados de Daniel se acumulaban sendos montones de objetos. La luz del salón estaba ya encendida, porque había anochecido, aquella casa ya no parecía la misma, Daniel no era el mismo y su padre, Andrés, tampoco. Daniel decidió hacer un pequeño descanso, llamó a Almudena, su novia, para decirle que todo iba bien y tranquilizarla, cogió un paquete de galletas y un refresco, y echó un vistazo al sofá: al final había salvado muchas más cosas de las que esperaba

    Durante más de una hora aquél había sido un viaje iniciático para Daniel, en el que fue descubriendo muchas facetas de su padre que le sorprendían. Daniel era más o menos consciente de que a su padre le atraía la literatura, por lo que no le sorprendió encontrar poemas y relatos escritos por Andrés, pero no se imaginaba que fueran tantos. Sin dudarlo, Daniel los depositó a su izquierda, ya los leería todos detenidamente más adelante. Encontró un archivo de una ONG internacional de la cual su padre fue miembro desde su adolescencia (y al verlo le llegó un vago recuerdo de haberlo compartido antes con su padre). Pero lo que más sorprendió a Daniel fue todo lo que encontró relacionado con él. Sí, Andrés atesoraba muchos recuerdos de Daniel, se las había ingeniado para obtener fotos de cualquier etapa de la vida de su hijo (descargas de internet, pantallazos, fotocopias, fotografías de fotografías…) Y conservaba con celo, por muy antiguo que fuese, cualquier objeto que le mantuviera unido a él: tickets de espectáculo, un cuaderno de deberes escolares, manualidades de algún campamento de verano. ¡Hasta una ajada cartulina de preescolar con una dedicatoria: “You’re the best father in the world”! Aquello fue para Daniel como un puñetazo directo al mentón, le noqueó: de repente, a pesar de que habían pasado más de treinta años, se vio nítidamente a sí mismo preparando en clase, con todo el mimo del mundo, aquella tarjeta para su papá. Daniel apenas guardaba, perdida en cualquier álbum, alguna foto de Andrés. Y un puñado de regalos más o menos recientes: un libro, alguna prenda de vestir (pero, para ser sinceros, ni siquiera era capaz de relacionarlos con él). ¿Por qué, entonces, su padre había conservado una inocente cartulina, de cuando su hijo era tan pequeño, durante tanto tiempo?

    No tenía respuesta para este tipo de preguntas, así que sacudió la bolsa de basura boca abajo, para ver si quedaba algo por revisar… y cayó un sobre pequeño al suelo. Al recogerlo, leyó en él: “Para Alejandro”. Daniel le escribió un mensaje de Whatsapp a su hermano: “Papá dejó un sobre cerrado para ti. Lo dejo y ya lo recoges tú o me lo llevo y te lo doy cuando nos veamos?”. Varios minutos más tarde llegó la respuesta: “Ábrelo y léelo, por favor. Esta noche me llamas y me cuentas. Bss”
    En el sobre había dos cuartillas dobladas, separadas individualmente. En la primera cuartilla una escueta nota manuscrita de Andrés decía:
    ESTA NOTA VA DIRIGIDA A ALEJANDRO. POR FAVOR, SI NO ERES ÉL, NO CONTINÚES LEYENDO.

    Nuevo Whatsapp de Daniel a Alejandro: “Pone que es para ti y pide al que haya abierto el sobre que, si no eres tú, no siga leyendo”. Respuesta: “Lee, por favor, es como si lo leyese yo, luego me comentas a la noche. Te quiero, Dani”

    Daniel tenía ante él la otra cuartilla, escrupulosamente doblada dos veces, pero no se atrevía a desdoblarla y leerla. Aquello era algo escrito por su padre expresamente para su hermano. Él no tenía ningún derecho a inmiscuirse. Pero el cabezota de Alejandro le había instado repetidamente a que lo leyese y luego se lo comentase. No sabía qué hacer.

    Finalmente, con un ligero temblor de manos, desdobló el papel y leyó:

    “Querido Alejandro,

    Si estás leyendo esta nota es porque, tal y como me temía, tu hermano Daniel no ha querido o no ha sabido romper su distanciamiento conmigo. Tú y yo hemos hablado de este tema cientos de veces, y sabes que ese dolor me lo llevo en mi corazón allá donde mi alma acabe yendo. Y yo sé que, de tanto comentarlo, no te va a sorprender lo que te voy a pedir: Por favor, sigue cuidando de tu hermano igual que él está cuidando de ti, pero bajo ningún concepto intentes modificar su opinión sobre mí. Has leído bien. ¿Te acuerdas de que lo hemos hablado? Es la única de forma de proteger a Daniel, hijo mío. Ya sufrió bastante cuando “perdió” a su padre y decidió que fuera para siempre. Hay que rodearse de argumentos muy elaborados, y repetirlos hasta la saciedad, para poder vivir manteniendo esa distancia. Al final se forma una coraza que lo mantiene protegido ante el dolor, aunque no sea 100% eficaz.

    No quiero que Daniel vuelva a sufrir. Y si, por tus esfuerzos o por cualquier otra causa, llegase por fin a verme como tú me has conocido, puede que el arrepentimiento y el remordimiento le atenacen el corazón. Y tu hermano no se merece eso. Por favor, obedéceme (por una vez en tu vida, jajaja)

    Te quiero, Alejandro. Te quiero, Daniel”

    Noche cerrada. Daniel yace, derrengado, en el sofá, sobre los montones de cosas que una vez estuvieron nítidamente separadas. Suena su móvil, es un mensaje de Whatsapp de su hermano: “Todo bien?” Daniel apaga el móvil y sigue llorando…
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  2. #2
    pig
    pig está desconectado
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    No es bueno husmear en los escritos de otros, no sabe uno lo que puede leer
    y terminar llorando por lo que se dejo de ser o hacer en la vida.

    Un gusto leerte pig

  3. #3
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    Gracias, pig, por dedicarle tiempo a leer mi relato. Me alegro de que te gustase. Te mando un abrazo, desde el Mediterráneo
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  4. #4
    Avatar de Eratalia
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    Tu relato me ha resultado muy interesante.
    Gracias por compartirlo.
    Feliz año nuevo.

  5. #5
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    Cita Iniciado por Eratalia Ver mensaje
    Tu relato me ha resultado muy interesante.
    Gracias por compartirlo.
    Feliz año nuevo.
    Gracias, Eratalia. Un saludo desde el Mediterráneo. Y feliz año nuevo
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  6. #6
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    Avatar de maria jose
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    Es una pena que en la vida se queden ciertas cosas sin solucionar teniendo solución, en los casos de las separaciones y cuando los niños no tienen conocimiento para entender los motivos de esa ruptura puede ser que quede el sentimiento de abandono sin más, por eso siempre es importante que ese sentimiento indisoluble entre padres e hijos se note, que no se enfríe, el roce hace el cariño y el cariño no hay que guardarlo ni dejarlo para ¿cuando? Luego llega el día en que ya es tarde y es añadirle peso a la tristeza.
    Un gusto leerte Antonio.
    Un abrazo.

  7. #7
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    Cita Iniciado por maria jose Ver mensaje
    Es una pena que en la vida se queden ciertas cosas sin solucionar teniendo solución, en los casos de las separaciones y cuando los niños no tienen conocimiento para entender los motivos de esa ruptura puede ser que quede el sentimiento de abandono sin más, por eso siempre es importante que ese sentimiento indisoluble entre padres e hijos se note, que no se enfríe, el roce hace el cariño y el cariño no hay que guardarlo ni dejarlo para ¿cuando? Luego llega el día en que ya es tarde y es añadirle peso a la tristeza.
    Un gusto leerte Antonio.
    Un abrazo.
    Créeme, mi admirada María José, el gusto es mío al ver con qué tino captas cualquier tema de los que expongo. Gracias por seguir a este humilde aprendiz, amiga mía. Un abrazo, Mediterráneo abajo
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