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    El sueño de un loco

    "He entrado al mundo de los vivientes como se entraría en el sueño de un loco. Muchos me toman por un sueño despierto, pero ellos duermen profundamente, eso es evidente. En cuanto a los otros, comprenden mi delirio"

    Karl Friedrich Veldt

    "He entrado al mundo de los vivientes como se entraría en el sueño de un loco. Muchos me toman por un sueño despierto, pero ellos duermen profundamente, eso es evidente. En cuanto a los otros, comprenden mi delirio" Karl Friedrich Veldt
    Han pasado más de veinte años desde que me crucé con una cita con la que me identifiqué singularmente. Desde entonces la he venido utilizando como epígrafe en mis reseñas personales.
    La cita figuraba, también como epígrafe, en una nota de la célebre revista "Planète", una publicación francesa de ciencia y cultura que en los años sesenta se proponía como medio inspirador para la ciencia, la cosmogonía, la antropología y la arqueología, planteando la necesidad de abordar la ciencia con actitud abierta y desprejuiciada. Su línea editorial proponía un revisionismo de la historia de la ciencia. Siempre crítica con la Academia, reclamaba la incorporación de nuevos axiomas. Al considerar los misterios inexplicables del universo, asumía una visión metafísica (hoy diríase cuántica).
    En cuanto a la cita, la juzgué afín al espíritu osado y delirante de Artaud, pero la firmaba un tal Karl Friedrich Veldt, nombre que me resultaba por completo desconocido.
    Con el paso de los años nunca dejé de utilizar la cita en mis reseñas, por lo que eventualmente quise saber más del padre de ese pensamiento.
    Mi colección de “Planète” había terminado por extraviarse, quién sabe si en alguna de mis mudanzas, aunque sospecho que mi esposa tuvo algo que ver con el hecho.
    Busqué a Karl Veldt en las enciclopedias Británica, Hispánica, Larousse, y Salvat, pero ninguna registraba su nombre. Supuse entonces que habría sido uno de esos intelectuales efímeros, de esos que brillan en su juventud pero desaparecen prontamente bajo el peso de la vida cotidiana, de un empleo común o de una esposa demandante, o tal vez devenido un oscuro académico ganándose la vida como profesor, al margen de los círculos culturales y literarios que habría aspirado a abrazar en su juventud.
    Traté de olvidarme del asunto hasta que años más tarde, en ocasión de estar visitando la Biblioteca Nacional, se me ocurrió solicitar información sobre el desconocido autor. Ningún Karl Veldt figuraba en los archivos.
    Especulé con que podría haber sido un poeta aficionado, probablemente muerto en forma prematura y luego olvidado completamente.
    A instancias de mi suegro, amante de la literatura y hábil sonetista, indagué en ciertos cenáculos de poesía, pero nadie conocía su obra, ni reconocía su nombre.
    Sin saber ya qué rumbo tomar, volví a proponerme olvidar el tema hasta que años después, considerando las posibilidades de los motores de búsqueda de la red, me ví tentado a probar mi suerte y comencé a hacer no pocas consultas y siempre en vano. Google era incapaz de rastrear siquiera un mísero indicio de su existencia.
    Cambié de estrategia y en vez de buscar el nombre probé con el texto completo de la cita. Pero los resultados me referenciaban a las páginas de mis reseñas personales, donde yo mismo la citaba.
    Entonces caí en la cuenta de que la cita original no estaba en castellano y debió sin duda estar en francés. Decidí entonces aplicar mi búsqueda a la frase completa pero esta vez en su idioma original.
    Me aboqué a la reconstrucción de la cita original, traduciendo fragmentos y aplicándolos a los motores de búsqueda. Mediante un paciente trabajo y con algo de suerte, logré ser referenciado a un archivo de imagen en muy baja resolución de la primera página de la nota de “Planète” donde estaba la cita. Aunque muchas palabras aparecían empastadas y no podían leerse correctamente, con la ayuda del diccionario en línea de Word Reference y el traductor de Google, pude completar la estructura de la frase y su gramática original.
    La sentencia quedó tal cual se reproduce:

    "Je suis entré parmi les vivants comme on penétrerait dans le sommeil d´un fou:
    la plupart de ceux qui me prennent pour un sommeil éveillé, dorment profondément,
    cela est clair; quant aux autres, ils comprennent mon délire"

    El entusiasmado me duró los 0,57 segundos en que Google tardó en mostrarme solo dos resultados que no tenían nada que ver con el caso. Repetí la operación en el portal local de Francia, Google.fr, con igual resultado.
    En este punto, mi desazón comenzó a alimentar mi obsesión por el caso. Intenté buscar nuevos enfoques. Imaginé que el nombre tal vez fuera un pseudónimo, una creación de los mismísimos editores de "Planète", Jacques Bergier y Louis Pauwels. La idea no era descabellada. No por nada ambos compartían la autoría de aquel otro clásico libro de los años sesenta: "El retorno de los brujos", con el que pretendieron impulsar nuevos paradigmas que explicaran el desarrollo tecnológico de las civilizaciones antiguas. Entre otras de sus obras figuraban títulos como como: “Los libros malditos”, “El libro de lo inexplicable”, “El hombre eterno” o “El amanecer de los magos”. Esos dos tipos eran sin duda amigos de arcanos, intrigas y fabulaciones.
    ¿Sería Karl Friedrich Veldt un personaje de ficción? Recordé la primera intuición con la que había asociado la cita con Artaud ¿Podría Veldt estar inspirado en alguna obra o ensayo de Artaud? Tenía mucho sentido: Sustraer a un ser del universo de Artaud a otro plano de existencia y cumplir el cometido de su teatro, el de despegarse de la forma y del propio género para desde lo surreal y lo onírico atravesar al espectador, impactar en el mundo real, remover algo de él. ¿No era eso lo que estaba haciendo Veldt conmigo? ¿No eran también sueño y realidad dos aspectos de un mismo género?
    La idea de ser afectado por un ser imaginado era sobrecogedora.

    Estaba aturdido por tener tanta ansiedad y tan poca información. Me sentí frustrado, invadido por un anhelo insatisfecho.
    Me fui a dormir y tardé bastante en conciliar el sueño. La irrupción de Veldt en mi vida me estaba incomodando y solo quería olvidarme momentáneamente de todo.
    Soñé que dormía plácidamente y sonaba el timbre de mi casa. Me levantaba a atender, pero antes de llegar a la puerta, esta se abrió sola y apareció Veldt. Me molestó que hubiese entrado sin mi consentimiento, pero me alegré de conocerlo. Era un tipo de estatura media, esmirriado, con una abundante cabellera crespa y entrecana. Llevaba un tupido bigote al estilo de Nietzsche. Me ofreció su mano y se presentó: “Soy Karl, Karl Marx”. Lo miré sorprendido, con la certeza de que en realidad era Friedrich Nietzsche. Pareció percibirlo y me dijo “Usted duda de mí, lo cual me aflige, realmente”. No supe que responderle y volvió a tomar la palabra: “Usted ¿quién es?” Quise presentarme pero me interrumpió: “¿Figura su nombre en la enciclopedia Británica?” Me desconcertó su impertinencia y con indignación le espeté “¡Usted es Friedrich Marx!” El tipo movió la cabeza negativamente y me dijo “No me acaba de decir quién es usted”. Le respondí iracundo “¡Yo soy Karl Friedrich Veldt!”
    Desperté sobresaltado. Estaba agitado y angustiado. Lo que había sentido en el sueño se prolongó por unos segundos. Sentí que no era nadie y que mi identidad dependía de un reconocimiento exterior.

    Ya había amanecido, de modo que me levanté y me preparé un café. En la soledad de la mañana medité en el hecho de que mi sueño me había revelado mucho más de Veldt de lo que había podido investigar por mí mismo. Resultaba curioso y seguramente nada casual que en Veldt, el nombre de Karl respondiera al de Marx y el de Friedrich al de Nietzsche.
    Decidí sistematizar la búsqueda y empecé por el apellido. Veldt ni siquiera figuraba como un apellido común en los portales de heráldica, lo que fortalecía la idea de que había sido inventado.
    Como palabra, veldt es un sustantivo de raíz germana, presente en el alemán, el holandés y el inglés (en su forma veld) y se traducía como campo, estepa, pradera o sabana, significados que no revestían ninguna connotación especial para apoyar la hipótesis del pseudónimo.
    El único dato que encontré con una posible connotación relevante fue un cuento de Ray Bradbury, escrito en 1950, llamado justamente “The Veldt”, y normalmente traducido al castellano como “La pradera”. El relato narra la historia de una familia sumida en una embolia tecnológica que termina por deshumanizar a sus hijos.
    ¿Qué relación semántica o filosófica podrían tener Marx y Nietzsche con el argumento del cuento de Bradbury? Ninguna que yo pudiera establecer.
    El único material de investigación que me quedaba era la cita misma, y el artículo de la revista que la acompañaba, pero no me acordaba de qué trataba y ya no tenía la revista para volver a leerlo.
    Aún podría tratar de hacerme con una nueva colección de “Planète”, ubicar el fascículo, y analizar la nota, pero comencé a sentir que toda la empresa carecía de sentido.


    Continúa en un comentario a la nota
    El final puede leerse en un comentario a la nota, porque el sistema no me permitió colocar un cuento de esta extensión

    ---
    Fernando Marco Sassone
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    Última edición por elbosco; Hace 4 semanas a las 22:40

  2. #2
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    "Solo somos dos almas perdidas nadando en una pecera año tras año...."

  3. #3
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    Me quise convencer de que toda la empresa era fútil, pero la declaración de Veldt seguía ejerciendo magnetismo sobre mí. Condensaba una larga tradición literaria y filosófica sobre la vida concebida como un sueño y los seres como sueños o soñadores. Me impactaba el planteo de percepción y reconocimiento desde un punto de vista propio o ajeno. La idea de un hombre entrando a un plano existencial al que no pertenece, constituyéndose o desmaterializándose desde la mirada del otro. Me intrigaban las categorías de existencia: Los que nacen o invade un plano existencial, los que ya lo habitaban, los que sueñan, los que duermen, los que aun estando en un plano distinto, identifican al soñador. Me conmovía la patética pasividad de los que concebían al infiltrado en su plano como a un sueño despierto y que, según éste, dormían. Por último, estaba la esperanzadora fuerza de aquellos que reconocían en él a un loco. Era un conjunto de gran belleza y profundidad.
    Decreté que Karl Friedrich Veldt no existía, y me propuse dejar de buscarlo entre los vivos o los muertos. Pero pese a mi determinismo, me impuse la misión de realizar esporádicas búsquedas con la ilusión de dar, siquiera por casualidad, con algún dato que me ponga sobre alguna pista consistente sobre el origen de la fabulación.
    Finalmente, la constancia rindió un fruto. Un incipiente dato proveniente de Google Books me entusiasmó en sobremanera: Cierta oscura novela titulada "Runtime Error”, (Error de ejecución, de 2010), de un ignoto autor llamado Greg Doud, contaba con un personaje llamado Karl Veldt.
    Sabía por la experiencia de mis búsquedas que la combinación de ese nombre y apellido no existía fuera de la revista “Planète”, y deduje, sin lugar a dudas, que se trataba de algún tipo de homenaje.
    Ciertamente, Greg Doud, al igual que yo, había sido lector de "Planète". Como yo, había quedado prendado de la estética onírica de la cita. Saboreó seguramente la ofuscación de haber buscado infructuosamente información sobre Veldt, y así, desesperanzado, para dar un curso positivo a la misma incertidumbre que me gobernaba, había decidido insuflarle vida convirtiéndolo en un personaje de su novela.
    Mi afán por saber algo más de Veldt era grande, aunque fuese pergeñado en la imaginación de un mediocre u oscuro autor. ¿Cómo habría sido soñado el soñador? Solo lo sabría si me procuraba un ejemplar de esa novela.
    La compré en la red y la recibí al tiempo, una mañana de sábado. La leí de un tirón.
    La novela estaba escrita con bastante oficio y no poca originalidad. Se trataba de un policial: Holden Morris era el nombre del detective y Karl Veldt el del asesino.
    Los detalles de la novela son irrelevantes, pero su temática afianzaba mi teoría de que su autor, Greg Doud, había sido un incondicional lector de "Planète". “Runetime error” era un policial metafísico: Junto a la resolución del misterio, se revelaba una nueva y desconcertante concepción del universo.
    Con el libro cerrado en mis manos di por terminada mi búsqueda y me quedé en silencio, meditando sobre la naturaleza de los sueños. Pensé en “La vida es sueño”, de Calderón de la Barca, en “Las ruinas circulares”, de Borges, en “La noche boca arriba” de Cortázar, en las concepciones de los filósofos idealistas, como Descartes, Kant y Hegel, que afirman que las ideas tienen entidad propia, y que todo lo que existe en este mundo es aparente.
    Durante mucho tiempo y hasta el presente, Veldt había existido en las mentes de Jacques Bergier y Louis Pauwels, en la mía y en la de Greg Doud. Y tal vez, a partir de ahora, en las mentes de quienes lean mi relación.
    Como intentando cerrar el caso con un melancólico epílogo, evoqué los últimos versos de "A Dream
    Within a Dream" (Un sueño en un sueño) de Poe:

    Is all that we see or seem
    But a dream within a dream?

    ¿No es todo lo que vemos o imaginamos
    Sino un sueño dentro de un sueño?

    Karl Friedrich Veldt existe de hecho, sea que haya nacido de una mujer o de la imaginación de otro hombre.
    Veldt declaró haber entrado a un mundo semejante al sueño de un insensato. ¿No es este mundo otra cosa que un gran sinsentido?
    Afirmó estar rodeado de seres que dormían. ¿No vivimos sumidos en un opio cotidiano que nos impide reconocernos como algo más que sombras de una esencia que nunca conoceremos?
    Afirmó que quienes lo consideraban una ilusión, en realidad dormían. ¿Acaso no negamos y rechazamos la influencia y doctrinas de los idealistas, los iluminados, los locos, los visionarios y los profetas?
    Finalmente, Veldt reconoció que unos pocos, comprendían su delirio. Estos son los que buscan la verdad en la locura o ven locura en la verdad.
    Durante todos estos años, busqué a Veldt, cuando lo que en realidad quería era comprender su delirio.
    Acaso, la decisión de Greg Doud de personificar a Veldt como a un asesino no fuera en nada ingenua ni casual. Un asesino con la misión de matarnos para que despertemos del ensueño en que vivimos.
    Dicen los místicos que al morir uno despierta a una realidad de tal contundencia que la vida pasada se asemeja a un turbio y opaco sueño. Llegado ese momento, tal vez comprendamos que nuestra vida en esta tierra fue como esos sueños que duran una fracción de segundo y se olvidan ni bien despertar.

    ---
    Fernando Marco Sassone
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  4. #4
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    Un gusto encontrarte, bosco, enfrascado en tus preciosos misterios y tu excelente capacidad de composición. No me parece apropiado calificar nada de lo que tan bien desarrollas. Ahora mismo, me da vueltas en la memoria tu expresión "embolia tecnológica". Jajaja, sí. Decía Buñuel que el cine tenía una certera capacidad hipnótica; así vivimos ahora, hipnotizados ante pantallas, con los sentidos "sumergidos" en una realidad demasiado simple donde se ha perdido el sentido de la escritura, que nos daba cierta hondura y pensamiento crítico. Quizá acabaremos abandonando el lenguaje para comunicarnos por transmisión de imágenes, por una telepatía pixelada donde la emoción se reflejase en el brillo del color. Amanece ahora y empiezan a cantar los pájaros en esta inusitadamente larga primavera madrileña. Nos seguimos leyendo. Abrazos.
    QUE EL OCÉANO BAÑE TU CORAZÓN

  5. #5
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    Gracias Lolo! qué grato encontrate acá... Ya me habia acostumbrado a ver en FB. Gracias por la apreciación y valoración!
    A propósito de comunicarse con imágenes, el otro día estaba buscando información para un ensayo que estoy escribiendo sobre la sintáxis de la imagen fotográfica, y me encontré con un video de Antoni Marín Amatller, en el que hablaba no de la imagen fotográfica, sino de la imagen en general y audiovisual, tema sobre el cual yo nunca había indagado ni me interesaba, pero que me servía a mi proósito. Y lo que dijo me soprendió. Dijo que la imagen no tiene sintáxis, que los significados de las imágenes se construyen en base a prueba y error... Eso no se aplica a la sintáxis de la fotografía según mi propa teoría, pero sí a la composición de la imagen fotográfica, no su construcción. Pero, en síntesis... tu comentario me hizo reflexionar sobre el tema... comunicarse a través de imágenes... tal vez no sea posible en un sentido muy específico si atendemos a la teoría de Antoni Amatlller.
    Tendremos que seguir intentando con la palabra

    https://www.youtube.com/watch?v=X_QMrNK85Hk

    Un fuerte abrazo amigazo!

  6. #6
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    Cita Iniciado por El ingenuo Ver mensaje
    Interesante, entretenido y formalmente perfecto.
    Gracias amigo por tu apreciación!

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