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Tema: Aurora

  1. #1
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    Aurora

    Hacía un poco de frío aquella mañana de enero, a pesar de que ya habían dado las 11h en el reloj y de que el sol intentaba denonadamente aportar luz y calor al paisaje, a las cosas y a las personas, aunque sin mucho éxito.

    - “Tal vez la humedad de la playa era la explicación a ello”, pensó Fidel, sentado en el único banco a pie de arena que había en aquella cala. Pegó una fuerte calada a su Marlboro y devolvió su mirada al horizonte lejano, mientras exhalaba muy lentamente el humo. Tan absorto estaba que no reparó en la compañía que acababa de incorporarse.

    - “Buenos días, bonita mañana, ¿verdad? ¿Le importa que me siente con usted?” Esta última pregunta fue, en realidad, una pregunta retórica, pues Aurora ya había tomado asiento al lado de Fidel. Él la miró detenidamente, sin decir nada: Aurora era una señora de cierta edad ya, se diría que le sacaba una decena de años, con aspecto afable y el cabello blanco brillante. – “Me llamo Aurora, vivo en aquel chalet que hay junto al camino de acceso a la playa”.

    Desde el primer día que empezó a visitar la cala Fidel se había fijado en aquella coqueta construcción, la única que había en aquella playa, con sus paredes de un blanco impoluto, sus grandes ventanales al mar y aquel precioso jardín trasero, trufado de flores multicolores, que encandilaba la vista y a la vez rompía la sobria armonía de la vivienda. Cuántas veces se la había imaginado habitada por un artista bohemio que buscaba la inspiración del mar, un acaudalado famoso que huía del acoso cotidiano, un arquitecto de renombre enamorado de su propia obra… todo menos la señora sexagenaria que estaba ahora a su lado, con las manos reposando sobre las rodillas, mirando como él al infinito.

    - “Hola, soy Fidel”.
    - “Encantada”.
    - “Igualmente”.

    Definitivamente, la irrupción de esa mujer le había trastocado por completo su rutina y sus planes, que no eran otros que permanecer ensimismado, fumando y con la vista perdida en el horizonte. Eso le incomodaba. Sobre todo si, como se temía, Aurora resultaba ser una de esas señoras amantes de la conversación, de cualquier conversación, por trivial que fuera, con tal de no permanecer en silencio.

    - “Puede contarme su problema, si quiere; estoy acostumbrada a escuchar”. Sus temores se habían confirmado: aquello amenazaba con convertir el único remanso de paz de que disponía cada día en otro infierno más. Así que se dirigió a aquella señora, dispuesto a cortar por lo sano cualquier intento de violentar su intimidad.

    - “¿De dónde saca usted que yo tengo problemas, señora?”, le espetó, con un tono educado pero ligeramente cortante.

    - “Aurora, me llamo Aurora, Fidel. Y ya le he dicho que estoy más que acostumbrada. ¿Quiere saber de dónde deduzco que tiene usted problemas?. Me lo ha dicho usted mismo. Concretamente, me lo dice su actitud corporal: la mirada perdida, pero el cuerpo rígido. Me lo dice su chaqueta: perfectamente doblada al lado suyo, encima del banco, a pesar del frío húmedo que hace aquí. Y el montón de colillas que se agolpan a sus pies, en un círculo de centímetros, me habla del tiempo que lleva sin moverse de este banco”. La ternura con que Aurora le respondió le desarmó un poco. Pero, antes de que decidiera cómo darle réplica, Aurora prosiguió: - “No se preocupe, no tiene usted ninguna obligación, faltaría más, seguro que estará ahora pensando que no soy más que una vieja cotorra, de ésas a las que les gusta incordiar a los demás dándoles cháchara sin descanso. Pero, pierda cuidado, puede usted seguir encerrado en su mundo, sentado en el “banco del desahogo” y yo no le molestaré, si así lo desea”.

    - “¿El banco del desahogo?” (¡maldita sea!, había hecho la pregunta inconscientemente y ahora debería aguantar un turno más, antes de dar por terminada la conversación).

    - “Así le llamo yo, porque por aquí han pasado varias personas, todas en busca de un desahogo. Empezó mi marido, que en paz descanse, hace cinco años, cuando un temporal arrasó esta zona, hundió su barco de pesca, destrozó nuestra casa y se llevó para siempre su alegría de vivir. Se pasaba las horas muertas aquí, día tras día, lamentándose de su mala fortuna, buscando una salida y encontrando apenas un desahogo. Como todos los que después vinieron a sentarse en este mismo banco”.

    - “Pues, viendo ese chalet tan precioso, no parece que la fortuna les hubiera dado la espalda, la verdad…” (de nuevo su lengua fue más rápida que su mente)

    - “Bueno, aunque parezca increíble, los seguros se hicieron cargo y nos proporcionaron la salida que necesitábamos. Una salida que Pedro, mi marido, no llegó a conocer por falta de fe en sí mismo”, la sonrisa de Aurora se torció un poco y su mirada pareció nublarse durante un segundo.

    - “¿Ha dicho que vinieron más personas a sentarse aquí?. ¿Todas con problemas?”, Fidel había quedado enganchado definitivamente a la conversación.

    - “Sí. No sé por qué extraña razón a partir del fallecimiento de mi marido, de vez en cuando aparecía alguien y se sentaba aquí. Siempre personas solas y casi siempre con problemas: Álvaro, un enamorado abandonado, Natalia, una madre cuyo hijito tenía una enfermedad terminal, varios parados cansados de buscar sin esperanza…. Yo me sentaba con ellos, como estoy haciendo con usted, y les ofrecía desahogo. Conversábamos todo el tiempo que fuese necesario, mientras determinaban si existía o no una salida para su desesperación. Y a veces la hallaban… y otras veces no”.

    En los días siguientes, Aurora y Fidel hablaron muchas, muchas veces. Su charla se volvió adictiva para ellos, mejor dicho, sobre todo para Fidel, que se había dado perfecta cuenta de que en realidad era él quien hablaba sin parar, mientras Aurora escuchaba en silencio, asintiendo a veces, replicando otras, narrando historias propias las menos, como si quisiera darle descansos a Fidel para que recuperase el resuello.

    Así pasaron varias semanas. Fidel había ido desprendiéndose poco a poco de ese aire taciturno del primer día en que conoció a Aurora. En su lugar, un optimismo vital parecía ir ganando terreno paulatinamente en su alma.

    Dos semanas antes de la llegada oficial de la primavera, el aire ya era limpio y preñado de olores silvestres, el cielo estaba impecable, vestido de azul celeste; el mar, por su parte, llevaba un traje completamente liso, de color azul marino, y el sol calentaba tibiamente todo… Aurora fregó los cacharros del desayuno, se secó las manos cuidadosamente en el delantal, lo colgó en su sitio y se acercó al frontal acristalado de su casa, desde el que se divisaba toda la cala. El banco estaba vacío, otro día más. Hacía días que Fidel dejó de acudir. Aurora salió al jardín trasero, se sentó en un pequeño banco que sobresalía del muro del edificio y contempló en silencio los centenares de flores multicolores que brotaban de la decena aproximada de parterres que se repartían irregularmente por el patio…

    - “Parece que Fidel, para su fortuna, sí encontró la salida al problema que le atormentaba. Me alegro de todo corazón, empiezo a estar cansada”, dijo en voz alta. Las margaritas del primer parterre y las violetas africanas del montículo de la esquina del fondo se mecieron unos segundos, sin que hubiese soplado la más leve brisa. Y Aurora comprendió que, como mínimo, Pedro y Natalia le estaban dando la razón.
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  2. #2
    Quimera
    Guest
    ......................
    Última edición por Quimera; 12/02/2017 a las 23:09

  3. #3
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    Encantador relato con un final feliz e inesperado.


    Salud y ventura,
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    Mis poemas y microrelatos están en el blog:


  4. #4
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    Cita Iniciado por Quimera Ver mensaje
    DiossssMio!
    Creo que estoy leyendo mi futuro!!
    Así seré yo....

    Precioso "caballero"
    Gracias, Quimera. Me alegro de que te haya gustado. Un beso, desde el Mediterráneo
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  5. #5
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    Cita Iniciado por Antonio del Olmo Ver mensaje
    Encantador relato con un final feliz e inesperado.


    Salud y ventura,
    Salud y ventura también para ti, tocayo. Gracias por tu tiempo y tus palabras. Un abrazo, desde el Mediterráneo
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  6. #6
    Avatar de lyliam
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    Estos cuentos con finales tan inesperados!! Está impresionante ! Me dio un escalofrío en la espalda jajajjaja aunque creo que la dulce Aurora no tendría que ver en parte no? No, no me digas! Prefiero quedarme así y salir corriendo cuando alguna sexagenaria se me arrime compasiva por abono para sus plantas jajajjaj
    Un abrazo Alatriste , siempre es un inmenso placer leerte amigo poeta.

  7. #7
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    Cita Iniciado por lyliam Ver mensaje
    Estos cuentos con finales tan inesperados!! Está impresionante ! Me dio un escalofrío en la espalda jajajjaja aunque creo que la dulce Aurora no tendría que ver en parte no? No, no me digas! Prefiero quedarme así y salir corriendo cuando alguna sexagenaria se me arrime compasiva por abono para sus plantas jajajjaj
    Un abrazo Alatriste , siempre es un inmenso placer leerte amigo poeta.
    Mi admirada Lyliam, eres única para captar el significado último de lo que escribo (y ya no te digo más, jajaja). Gracias por tus palabras, amiga poetisa. Te envío un beso desde el Mediterráneo...
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  8. #8
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    Avatar de maría susana
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    Como siempre leo todo lo que escribes aquí o enuna red social. Ha sido un gusto!! Besos

  9. #9
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    Cita Iniciado por maría susana Ver mensaje
    Como siempre leo todo lo que escribes aquí o enuna red social. Ha sido un gusto!! Besos
    Gracias, Susana, amiga mía. El placer es mío, siempre, poetisa. Te mando un beso desde el Mediterráneo
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  10. #10

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