Tema: Doscientos

  1. #1
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    Doscientos

    María corría, entre nerviosa y juguetona, por los pasillos del Hospital Vall d’Hebrón. Como todos los días, iba a encontrarse en la puerta principal con Montse, su compañera y amiga, para fumarse ese pitillo de media tarde, que más que un vicio era una excusa para compartir los cientos de chismorreos y anécdotas que un monstruo como ese hospital generaba sin cesar, y sin pudor (al menos, sin pudor ante los que trabajaban en él).


    No se podía esperar otra cosa de estas dos veinteañeras, que realizaban prácticas de Enfermería desde hace casi un año, y para las que la tragedia cotidiana entre la Vida y la Muerte que se representaba ante sus ojos adquiría tintes de tragicomedia, cuando no de comedia a secas. El ímpetu vital y la inmadurez propia de los jóvenes de su generación, unidos a su falta de experiencia, levantaban una especie de pantalla invisible entre lo que sus sentidos captaban y lo que sus cerebros interpretaban.

    A María no le quedaba más remedio que reconocer que las habilidades de Montse para relatar con gracia, e incluso con sorna, sus vivencias como espectadora superaban con creces las suyas propias. Además, últimamente María no había tenido demasiada fortuna, ya que le habían asignado un paciente que, al parecer, requería un tratamiento exhaustivo (aunque a ella le correspondió la tediosa misión de vigilar in situ permanentemente la evolución del paciente).


    Cuando alcanzó la puerta, Montse ya la estaba esperando, con una mirada divertida, ansiosa por lucirse una vez más ante su amiga. Una vez que Montse finalizó su retahíla de cotilleos entre el personal médico, bromas de mal gusto sobre algunos pacientes, carcajadas fingidas y previsiones de más y mejores historias que contar al día siguiente, le tocaba el turno a María.


    Pero esta vez María no estaba dispuesta a dejarse superar por su amiga y, aunque lo tenía verdaderamente difícil con la mono-tarea que le habían asignado, decidió rizar el rizo:

    -“No sabes tía, lo divertido que es vigilar a la momia ésa que me asignaron hace dos semanas, envuelta en vendas de los pies a la cabeza, con los dos brazos vendados en cabestrillo, una sonda y decenas de cables, jajajaja… Y lo mejor de todo es la letanía que no deja de susurrar una y otra vez: “lo siento… lo siento… lo siento…”. ¡Es la hostia, tía! Me pongo a imaginar el motivo y es que me parto el pecho. Que si intentó dejar a su pareja, y a su pareja no le hizo ni puta gracia. Que si sería un yuppie solterón, que intentó hacer una cena romántica en casa para su ligue de fin de semana, y se tropezó cuando iba a hacer un flambeado, flambeándose él el cuerpo. O si sería una cuarentona desesperada, que decidió hacerse una cirugía estética integral a precio de saldo. Jajajaja… tía, cada posible motivo que se me ocurre me descojono un poco más, jajajaja… Seguro que, con un poco más de imaginación, hasta llego a adivinar la verdadera causa”

    -“Bastaría con leer su historial, Martínez”, la voz seca de la Enfermera Jefe interrumpió a sus espaldas el desparrame de María. Los rostros de María y Montse se mudaron automáticamente, sobrecogidos por la inesperada e intimidatoria irrupción. La voz, ahora serena y firme, prosiguió pausadamente:

    -“Se llama Roberto, tiene 32 años, era teniente en un destacamento sanitario de los cascos azules españoles en Afganistán. Su misión consistía en acudir rápidamente después de cada atentado con coche bomba para reconocer la situación, evaluar las necesidades de asistencia médica y, sobre todo, contar el número de cadáveres que la locura había desperdigado cada vez que él llegaba al lugar de un atentado. Como si de un mantra protector se tratase, Roberto había adquirido la costumbre de repetir en voz alta, cada noche, antes de cerrar los ojos en busca del sueño que cada vez le costaba más conciliar, el número acumulado de hombres, mujeres y niños cuyos cuerpos inertes le había tocado contabilizar desde que llegó a aquel infierno en la Tierra. Dos días antes de licenciarse, le encomendaron su última misión. Después de terminar su odiosa tarea de notario de la atrocidad humana, Roberto se dirigía hacia su vehículo cuando pisó una mina incendiaria antipersona, deliberadamente disimulada para conseguir su objetivo. Eso fue tres días antes de que usted, María, le conociera”

    Las dos jóvenes, petrificadas, aplastaron desmesuradamente sus colillas contra el suelo mientras la Enfermera Jefe les daba la espalda y regresaba al trabajo. Antes de cruzar la puerta de nuevo, se volvió a oír su voz: -“¡Ah!. Y Roberto no susurra “lo siento”. Lo que Roberto repite una y otra vez es “doscientos”.”
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  2. #2
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    Que fuerte.
    Es un relato, primero, conmovedor, segundo, realista; la firmeza en los hospitales debe darse con una mano pero con la otra la delicadeza y el respeto, esa es la manera de trabajar allí con las dos manos. Es un relato como digo conmovedor por la manera en que has presentado el sufrimiento de su protagonista en cuerpo y alma. Lo de las enfermeras niñatas ha tenido muy buena solución con ese golpe de realidad.

    Muy sensible, me ha gustado mucho.
    Un abrazo y feliz otoño.
    Última edición por maria jose; 22/09/2017 a las 13:00

  3. #3

  4. #4
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    Además de daros las gracias por dedicar vuestro tiempo a leerme y por vuestras palabras, esta vez quiero aclarar algo importante:

    Este relato es uno de los 100 textos recogidos en el libro "El mundo en tus manos", de próxima publicación, y cuyos beneficios por ventas irán destinados íntegramente a la ONG "Médicos Sin Fronteras". Es un proyecto hermoso que me cautivó desde que lo conocí y he tenido la fortuna de haber sido seleccionado para colaborar en él. Os adjunto más información


    http://scripto.es/ya-tenemos-editorial-para-publicar-el-mu…/
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  5. #5
    pig
    pig está desconectado
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    vivir los horrores de la guerra no es fácil, y menos salir bien librado de ello.

    un gusto leerte.


    pig
    ¿quien osó despertar mi conciencia?.


    www.escribesconmigo.blogspot.com

  6. #6
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    Cita Iniciado por pig Ver mensaje
    vivir los horrores de la guerra no es fácil, y menos salir bien librado de ello.

    un gusto leerte.


    pig
    Gracias, pig. Un abrazo desde el Mediterráneo
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